Paseaban por el Hyde Park cerca el uno del otro hablando
animadamente sobre las cosas tan extrañas del siglo XXI como la televisión, los
ordenadores, los iPods…
-Entonces, ¿dices que existe, perdón, existirá-se corrige
Gideon-un servidor en el que escribes con una cosa parecida a una máquina de
escribir, en el que tecleas lo que quieras buscar y te lo busca a través de una
red conectada con el espacio?-estaba realmente fascinado, con los ojos abiertos
como platos y las mejillas sonrosadas.
-Eso he dicho, se llama Internet-contestó Jonathan con las
manos en los bolsillos y una bufanda en el cuello para protegerse del frío
londinense.
-Fascinante-murmuró Gideon, el cual estaba tan ensimismado
que no se dio cuenta de que iba directamente a estamparse contra un árbol. Su
compañero le agarró del brazo, tensando los músculos, y tiró de él para
apartarlo de la trayectoria que estaba siguiendo y a la vez atrayéndolo hacia
sí.
-Lo que es fascinante es ver cómo pierdes la cabeza y te
estampas contra un árbol-Jonathan se mofó, con una risa alegre y cantarina,
nada propia de él. Después de refunfuñar un poco, Gideon rió también, dándole
un cariñoso capón al otro.
-Háblame de ti, ya estoy harto de esos denadores, movles y
telemisores-añadió Gideon con el ceño fruncido.
-En realidad son ordenadores, móviles y televisores-sonrió
con los ojos cerrados, y luego miró al londinense con cariño-¿Qué quieres saber
de mi? Bueno, lo primero que deberías saber es que no me gusta hablar de mi,
pero haré una excepción porque eres tú-le guiñó un ojo.
-Pues quiero saber cosas de tu familia, por ejemplo-Gideon
se rascó la barbilla, pensativo, y torció hacia la derecha internándose entre
el follaje.-Sígueme, conozco un sitio aquí donde podemos estar tranquilos y sin
oídos indiscretos.
Jonathan arqueó las cejas, mirando con cara divertida al
nefilim, pero le siguió, no sin hacer un comentario antes:
-¿Tú y yo solos en mitad de un parque, sin ojos indiscretos
alrededor? ¿No te parece peligroso?
Gideon le sacó la lengua, aunque esperó a que el otro
llegara a su altura y le cogió la mano, caminando unido a él, pero se mordió la
lengua y no le respondió.
Se perdieron entre la espesura, y finalmente localizaron un
claro lo suficientemente alejado del camino para que no se oyeran las voces del
resto de la gente. Gideon sacó un mantel de cuadraditos rojos y blancos de la
cesta de picnic con la que había ido cargando todo el paseo, y la extendieron
en el suelo. Acto seguido, ambos se acomodaron sobre él. La luz se filtraba
tímidamente entre las hojas más altas de los árboles, dándole un aura mágica al
claro en el que ambos chicos se encontraban, e iluminando el pálido pelo
plateado de Jonathan.
Comenzaron a comer los sándwiches de pepino que habían
preparado antes de salir del Instituto, mirándose fijamente el uno al otro, con
una conexión y una comprensión que no paría normal.
-Verás, mi padre se llama Valentine Morgenstern, y es un
nefilim muy buscado por la Clave, pues ha intentado hacerse con su poder y
aniquilar a todos los subterráneos. Mi madre-una de ellas-…
-¿Una de ellas? ¿Tienes más de una?-Gideon escupió un trozo
de sándwich y frunció el ceño.
-¡Déjame terminar!-exclamó el otro nefilim-una de mis madres
se llama Jocelyn, y nunca la conocí. Huyó de mi padre cuando yo aún era un
bebé-Gideon, al cual que una madre abandonara a su hijo le parecía abobinable,
soltó un grito ahogado. A su vez, Jonathan miraba al infinito, y tenía la
mirada perdida en el pasado…en el futuro…lo que sea-y tengo una hermana,
Clarissa, a la que tampoco conocí hasta hace poco.
-Lo siento Jonathan-susurró Gideon, acercándose al aludido y
abrazándolo por detrás-Una madre no debería abandonar a su hijo.
-Es igual-gruñó el otro apartándose y cruzándose de brazos.
Gideon le cogió de los hombros y le dio la vuelta.
-¿Hay alguna manera de que pueda animarte? No me gusta verte
triste.
Los ojos del chico del futuro brillaron, esos dos pozos
negros sin fondo.
-Claro que puedes.-se acercó a él y lo besó. Gideon no se
apartó, sino que correspondió a su beso apasionadamente. Cuando el calor que
habían sentido la noche anterior volvió a aparecer, y sus cuerpos se juntaron
demasiado, con un gran esfuerzo de voluntad y los dientes apretados
intensamente, tanto que le dolía, Gideon se separó.
-¿Jonathan?-llamó. El otro lo miró interrogante-Me dijiste
que tenías dos madres, y solo me has hablado de una.
-Es verdad-Jonathan se acomoda-Mi otra madre es Lilith,
madre de todos los demonios.
Un silencio sepulcral invadió el lugar, y solamente se podía
oir el rumor del viento al pasar a través de las hojas. Tras aproximadamente
tres minutos de silencio, Jonathan se hartó, se levantó y se cruzó de brazos.
-¿Vas a decir algo?
-Yo…no sé que decir…eso significa que…¿eres medio
demonio?-Su voz sonaba ahogada, como si estuviera a punto de romper a llorar.
-En efecto. ¿Algún problema?-este no sonaba tan siquiera
molesto, solamente indiferente.
-Es solo que…los demonios…llevo toda mi vida peleando contra
ellos y ahora llegas tú…y-traga saliva-eres alguien…maravilloso pero…eres mi
enemigo…
-Shhhh-le acalló el semidemonio, posando sus fríos dedos
sobre los labios de Gideon.-No soy tu enemigo. Yo no soy uno de ellos, que su
sangre corra por sus venas no significa que vaya a ir por ahí matando gente por
placer…o tal vez un poco, pero tú no tienes que preocuparte por eso. ¿Te cuento
algo?-le mira intensamente-Me gustas. Mucho. Y me gustaría creer que el
sentimiento es mutuo. De allá de donde vengo, la edad no importa, ni el color,
ni la raza-parpadea y después posa en los ojos del otro, el cual está perplejo,
una mirada penetrante-Me gustaría que me dieras una oportunidad, a pesar de que
Lilith sea mi madre. Yo no elegí eso. Y, ¿sabes otra cosa? No me avergüenzo de
nada. Soy lo que soy, y no debería sentirme mal por cómo he nacido.
Gideon se quedó con la boca boca abierta, sin ser capaz de
articular palabra. Jonathan se separó, enarcó una ceja y comentó, con voz
enfadada:
-¿Y bien?
Por toda respuesta, Gideon se acercó, pasó sus brazos por
detrás de la nuca del semi demonio y le besó en la boca.
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