lunes, 5 de noviembre de 2012

2º capítulo: The party hard


El garito estaba lleno de todo tipo de subterráneos, y algún que otro Cazador de Sombras, aunque no muchos, cuando Jonathan y Gideon entraron. Era un lugar bastante siniestro, con cabezas de mundanos colgadas por todas partes y varios camareros que resultaron ser vampiros.
-Qué sitio más…acogedor-comentó Jonathan sentándose en una mesa que había en un lugar oscuro.  Gideon se sentó enfrente de Jonathan e hizo señas a un camarero para que se acercara.
-Una botella de algo fuerte, por favor-le pidió al camarero, y cuando este se hubo alejado, tamborileó los dedos sobre la mesa-Y el sitio…no hay nada mejor abierto a estas horas. Dentro de unas cuantas nos iremos a una buena fiesta en otra zona de Londres, descuida.-se acerca al otro chico hasta susurrarle en el oído-Ten cuidado con lo que dices. Más de una persona podría arrancarte ese bonito cuello que tienes.
Jonathan se estremeció sin saber muy bien por qué. Una mezcla de sentimientos confusos bullían en su interior cuando Gideon se apartó con una sonrisa de oreja a oreja en la cara y el camarero llegó, depositando de forma brusca la botella sobre la mesa. Gideon sirvió un par de vasos que el camarero había dejado también sobre la mesa y le entregó uno al otro chico.
-Salud- dijo el primero, y ambos bebieron, una copa primero, y después otra y otra.
-Como te iba diciendo, en el Instituto me siento un poco solo-Gideon ríe, y bebe otro trago-Nadie me hace caso, claro, soy un Lightwood y todos me odian, menos Sophie claro. ¿Te he hablado de Sophie?
-Varias veces Gideon-comenta Jonathan bebiendo también, con voz entrecortada.
-Creo que será mejor que vayamos a esa fiesta que te prometí-Gideon se pone de pie, tambaleante, y coge de los brazos al otro chico, que se levanta tambaleante también. Juntos, tambaleantes, cogen un carruaje en dirección a un suburbio de Londres, donde hay una fiesta de subterráneos (según me han informado).
-¡EEEEEEEEEEEEL VINO QUE TIENE ASUNCIÓOOOOOOOOOOON!-cantaban Gideon y Jonathan a coro. Ahora os estaréis preguntando cómo podían cantar eso si son ingleses, bueno, todo tiene una explicación, Gideon vivió en Madrid y aprendió esta canción, y ahora se la ha enseñado a Jonathan.
El coche de caballos paró delante de un local que por fuera no parecía más que una casa señorial. Jonathan titubeó, pero su acompañante le cogió de la mano y tiró de él dentro de la casa. Nada más pasar por la puerta, la sala se iluminó de luz y color, y miles de cuerpos se movían al compás de una música demasiado moderna para la época. Las luces no eran de discoteca, sino más bien candelabros dispuestos por toda la sala, y con llamas de diferentes colores, obviamente obra de brujos.  Gideon se quedó en el umbral de la puerta, indeciso, pero Jonathan tiró de él y lo acercó a su cuerpo.
-Vamos a bailar-dijo y comenzó a bailar un baile muy poco típico de la época, además de descortés. Mucha gente se paró a mirarlos, pero a ellos no les importaba, solamente existían ellos dos, sus cuerpos y la música. Aunque poco a poco la música se fue apartando de ellos, pues ambos se miraban a los ojos. Gideon, mareado, paró de bailar y fue a una esquina a apoyarse en la pared. Jonathan le siguió.
-¿Estás bien?
-Me encuentro muy mareado-Gideon se puso la mano en la cabeza.
-Tal vez deberías…
-Shhh-le acalló Gideon cogiéndolo de la camiseta y acercándolo hacia sí.-No tienes nada que decir.-Tragó saliva y le acercó más a él, hasta que ambos notaban el aliento del otro sobre sus mejillas y sus labios estaban casi rozándose.
-¿No decir nada, eh?-Murmuró Jonathan y, muy lentamente, sin prisa, terminó de unirse a los labios del joven nefilim. Éste, a su vez, se apoyó en la pared encajando sus labios con los de Jonathan. Los labios de ambos encajaban perfectamente, como si hubieran sido diseñado para estar juntos. Ambas bocas se movían acompasadamente cuando los brazos de Jonathan rodearon el cuerpo de Gideon, posándose delicadamente en su espalda.
Gideon reaccionó primero cuando ambos se quedaban sin aire, y se separó muy a regañadientes. Jonathan resopló.
-¿Te ha gustado?-Susurró este último en el oído del otro.
-Mucho-comentó el otro con la voz entrecortada.

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