domingo, 11 de noviembre de 2012

Capítulo 5: Confesiones


Paseaban por el Hyde Park cerca el uno del otro hablando animadamente sobre las cosas tan extrañas del siglo XXI como la televisión, los ordenadores, los iPods…
-Entonces, ¿dices que existe, perdón, existirá-se corrige Gideon-un servidor en el que escribes con una cosa parecida a una máquina de escribir, en el que tecleas lo que quieras buscar y te lo busca a través de una red conectada con el espacio?-estaba realmente fascinado, con los ojos abiertos como platos y las mejillas sonrosadas.
-Eso he dicho, se llama Internet-contestó Jonathan con las manos en los bolsillos y una bufanda en el cuello para protegerse del frío londinense.
-Fascinante-murmuró Gideon, el cual estaba tan ensimismado que no se dio cuenta de que iba directamente a estamparse contra un árbol. Su compañero le agarró del brazo, tensando los músculos, y tiró de él para apartarlo de la trayectoria que estaba siguiendo y a la vez atrayéndolo hacia sí.
-Lo que es fascinante es ver cómo pierdes la cabeza y te estampas contra un árbol-Jonathan se mofó, con una risa alegre y cantarina, nada propia de él. Después de refunfuñar un poco, Gideon rió también, dándole un cariñoso capón al otro.
-Háblame de ti, ya estoy harto de esos denadores, movles y telemisores-añadió Gideon con el ceño fruncido.
-En realidad son ordenadores, móviles y televisores-sonrió con los ojos cerrados, y luego miró al londinense con cariño-¿Qué quieres saber de mi? Bueno, lo primero que deberías saber es que no me gusta hablar de mi, pero haré una excepción porque eres tú-le guiñó un ojo.
-Pues quiero saber cosas de tu familia, por ejemplo-Gideon se rascó la barbilla, pensativo, y torció hacia la derecha internándose entre el follaje.-Sígueme, conozco un sitio aquí donde podemos estar tranquilos y sin oídos indiscretos.
Jonathan arqueó las cejas, mirando con cara divertida al nefilim, pero le siguió, no sin hacer un comentario antes:
-¿Tú y yo solos en mitad de un parque, sin ojos indiscretos alrededor? ¿No te parece peligroso?
Gideon le sacó la lengua, aunque esperó a que el otro llegara a su altura y le cogió la mano, caminando unido a él, pero se mordió la lengua y no le respondió.
Se perdieron entre la espesura, y finalmente localizaron un claro lo suficientemente alejado del camino para que no se oyeran las voces del resto de la gente. Gideon sacó un mantel de cuadraditos rojos y blancos de la cesta de picnic con la que había ido cargando todo el paseo, y la extendieron en el suelo. Acto seguido, ambos se acomodaron sobre él. La luz se filtraba tímidamente entre las hojas más altas de los árboles, dándole un aura mágica al claro en el que ambos chicos se encontraban, e iluminando el pálido pelo plateado de Jonathan.
Comenzaron a comer los sándwiches de pepino que habían preparado antes de salir del Instituto, mirándose fijamente el uno al otro, con una conexión y una comprensión que no paría normal.
-Verás, mi padre se llama Valentine Morgenstern, y es un nefilim muy buscado por la Clave, pues ha intentado hacerse con su poder y aniquilar a todos los subterráneos. Mi madre-una de ellas-…
-¿Una de ellas? ¿Tienes más de una?-Gideon escupió un trozo de sándwich y frunció el ceño.
-¡Déjame terminar!-exclamó el otro nefilim-una de mis madres se llama Jocelyn, y nunca la conocí. Huyó de mi padre cuando yo aún era un bebé-Gideon, al cual que una madre abandonara a su hijo le parecía abobinable, soltó un grito ahogado. A su vez, Jonathan miraba al infinito, y tenía la mirada perdida en el pasado…en el futuro…lo que sea-y tengo una hermana, Clarissa, a la que tampoco conocí hasta hace poco.
-Lo siento Jonathan-susurró Gideon, acercándose al aludido y abrazándolo por detrás-Una madre no debería abandonar a su hijo.
-Es igual-gruñó el otro apartándose y cruzándose de brazos.
Gideon le cogió de los hombros y le dio la vuelta.
-¿Hay alguna manera de que pueda animarte? No me gusta verte triste.
Los ojos del chico del futuro brillaron, esos dos pozos negros sin fondo.
-Claro que puedes.-se acercó a él y lo besó. Gideon no se apartó, sino que correspondió a su beso apasionadamente. Cuando el calor que habían sentido la noche anterior volvió a aparecer, y sus cuerpos se juntaron demasiado, con un gran esfuerzo de voluntad y los dientes apretados intensamente, tanto que le dolía, Gideon se separó.
-¿Jonathan?-llamó. El otro lo miró interrogante-Me dijiste que tenías dos madres, y solo me has hablado de una.
-Es verdad-Jonathan se acomoda-Mi otra madre es Lilith, madre de todos los demonios.
Un silencio sepulcral invadió el lugar, y solamente se podía oir el rumor del viento al pasar a través de las hojas. Tras aproximadamente tres minutos de silencio, Jonathan se hartó, se levantó y se cruzó de brazos.
-¿Vas a decir algo?
-Yo…no sé que decir…eso significa que…¿eres medio demonio?-Su voz sonaba ahogada, como si estuviera a punto de romper a llorar.
-En efecto. ¿Algún problema?-este no sonaba tan siquiera molesto, solamente indiferente.
-Es solo que…los demonios…llevo toda mi vida peleando contra ellos y ahora llegas tú…y-traga saliva-eres alguien…maravilloso pero…eres mi enemigo…
-Shhhh-le acalló el semidemonio, posando sus fríos dedos sobre los labios de Gideon.-No soy tu enemigo. Yo no soy uno de ellos, que su sangre corra por sus venas no significa que vaya a ir por ahí matando gente por placer…o tal vez un poco, pero tú no tienes que preocuparte por eso. ¿Te cuento algo?-le mira intensamente-Me gustas. Mucho. Y me gustaría creer que el sentimiento es mutuo. De allá de donde vengo, la edad no importa, ni el color, ni la raza-parpadea y después posa en los ojos del otro, el cual está perplejo, una mirada penetrante-Me gustaría que me dieras una oportunidad, a pesar de que Lilith sea mi madre. Yo no elegí eso. Y, ¿sabes otra cosa? No me avergüenzo de nada. Soy lo que soy, y no debería sentirme mal por cómo he nacido.
Gideon se quedó con la boca boca abierta, sin ser capaz de articular palabra. Jonathan se separó, enarcó una ceja y comentó, con voz enfadada:
-¿Y bien?
Por toda respuesta, Gideon se acercó, pasó sus brazos por detrás de la nuca del semi demonio y le besó en la boca.

martes, 6 de noviembre de 2012

Capítulo 4: A secas.


Cuando Jonathan abrió los ojos, la luz se colaba por la ventana. Era bien entrada la mañana, y el día era lluvioso, cosa normal en Londres.
Jonathan bajó la vista hacia su pecho, donde notaba el cosquilleo de una respiración, y se encontró con la plácida cara dormida de Gideon. Sonrió, y los recuerdos de la noche pasada volvieron a su mente de sopetón, así como un agudo dolor de cabeza producido por la resaca. Su sonrisa se ensanchó después de recordar, y comenzó a sacudir insistentemente al otro, al grito de “Gideeeeeeeeon levantaaaaaaaaaa”.
Gideon abrió los ojos y Jonathan pudo ver cómo los últimos rastros del sueño huían de los ojos del chico, que rebosaban excitación. Una pequeña sonrisa se extendió por la cara del recién despertado. Jonathan se inclinó sobre él y comenzó a besarle el pecho y el cuello insistentemente. El que era besado, a su vez, habló con voz entrecortada:
-Jonathan…-el otro no paraba de besarlo, por lo que Gideon, muy a regañadientes, se levantó de un salto y comenzó a vestirse-Jonathan…no-el aludido se quedó mirando estupefacto, sentado en la cama-Esto no está bien.
-Yo no opino lo mismo-se levantó y se acercó a Gideon para depositarle un beso en los labios. Gideon no se apartó, pero cuando el beso acabó, se acercó a la ventana, miró por ella y dijo:
-No está bien. Porque tú eres del futuro. Porque yo tengo novia. Porque…
-Oh, por favor-resopló Jonathan, cortándole-¿Porque somos dos chicos?-se rió y abrazó por detrás al otro-Qué tontito eres, y qué anticuado.
-No todos somos del siglo XXI-gruñe Gideon.
El otro se encoge de hombros.
-Tienes razón, pero no me importa-le da la vuelta al muchacho y le besa, lentamente, pero intentando poner una mezcla de sentimientos en ese beso-Nos llevamos tres siglos, ¿y qué?-ríe su propio chiste y después, ladeando la cabeza y mirándole fijamente dice-Hmmm…¿Gideon?
-¿Sí?
-Deberíamos bajar a desayunar-se separa y se viste completamente mientras su compañero sonríe de oreja a oreja y termina de vestirse. Tras un último besito, ambos caminan al comedor con un margen de espacio entre ellos.
-Hola a todos-dice Gideon sentándose en la mesa, entre dos chicos, uno moreno de ojos azules y otro con el pelo blanco, muy pálido.
-¿No vas a presentarnos a tu amigo, Lightwood?-pregunta el moreno, Will.
-Este es Jonat…el señor Morgenstern-se corrigió mientras Jonathan se sentaba enfrente de él-Ha venido del siglo XXI para hacernos una visita.
Will y el otro chico, Jem, escupieron la comida y corearon:
-¿DEL SIGLO XXI?
-¿Parabatais?-preguntó Jonathan.
Will y Jem se miraron, extrañados, y Jem asintió. Jonathan sonrió.
-Se nota.
Will susurró a Jem algo como “estos del siglo XXI tienen muchos secretos” y Will rió. Gideon parecía muy incómodo, y desayunó mirando al plato sin decir nada, mientras el resto de los comensales conversaban animadamente sobre las chicas en el siglo XXI. Gideon, además, se sentía muy ofendido por esa conversación, teniendo en cuenta que los otros dos chicos estaban enamorados de la misma chica, Tessa, y él tenía a Sophie, y además había hecho cosas impuras con Jonathan…
No pudo aguantarlo más y se levantó.
-Tengo cosas que hacer…-salió por la puerta, pero unos segundos después volvió a entrar y sacó a rastras a Jonathan-Tenemos que tratar unos temas, señor Morgenstern-dijo entre dientes y lo sacó de la sala. No paró de andar hasta que se encontraron en un parque a unas cuantas manzanas del Instituto.
-¿De qué vas?-preguntó Jonathan quitándose de encima al londinense.-¿Nadie te ha explicado que es de mala educación cortar una conversación?
-Mira Jonathan…lo de ayer fue…
-…maravilloso…
-…especial y bueno yo quería…espera…¿has dicho maravilloso?-Gideon no pudo evitar mofarse.
-Oh por favor, no me digas que no te gustó.
-Pues la verdad es que…-sacudió la cabeza-Sí, me gustó-añadió en un susurro. Se aclaró la garganta-Fue…¿cómo has dicho antes? Maravilloso. Y…la verdad es que experimenté algo que…no sabría explicarlo…nunca antes había sentido.
Jonathan río.
-¿Qué te parece tan divertido, Jonathan?
-Tu manera de expresarte, eres tan gracioso-ríe.
Gideon sonríe.
-Eres increíble, Jonathan Morgenstern del siglo XXI.

lunes, 5 de noviembre de 2012

3º capítulo: Una mirada al pasado


La cabeza de Gideon descansaba sobre el pecho desnudo de Jonathan. El brazo de este último rodeaba el cuerpo del otro, amorosamente. Ahora os preguntaréis como hemos llegado a esto, bueno, echemos un pequeño vistazo al pasado…
-Mucho-comentó el otro con la voz entrecortada.
Jonathan volvió a acercarse a Gideon con una sonrisa en la cara, y le volvió a besar apasionadamente, como si no hubiera mañana. Ambos rebosaban calor, y sus mejillas estaban sonrojadas por el alcohol. Una vez más, sus labios se unieron como si fuera lo único en el mundo.
Las manos del chico del futuro se movieronn lentamente en dirección al torso del londinense, el cual jadeó entrecortadamente, con los ojos cerrados. Los brazos de este otro paseaban por la espalda de Jonathan, dibujando el contorno de su columna vertebral.
Los labios carnosos de Gideon bajaronn lentamente por el cuello de su compañero, apretando en cada beso. Repentinamente, abrió los ojos y se separó bruscamente del Morgenstern. Éste, extrañado, ladeó la cabeza y se quedó mirándolo con cara interrogante, aún demasiado cerca como para que pudieran calmarse.
-Será…mejor…que volvamos al…Instituto-dijo Gideon con voz entrecortada. Jonathan asintió, y juntos, abrazos, salieron de la fiesta y andaronn a tumbos por las calles de Londres hasta, dos horas después, llegar al Instituto.
-Será mejor que durmamos-dijo Gideon.
-¿Podrías acompañarme a mi habitación? No sé dónde está…y no me gustaría perderme-susurró por lo bajini su compañero, con una risita.
-Con mucho gusto-esbozó una sonrisa traviesa y acompañó a Jonathan a su habitación. Cuando entraronn, antes de que Gideon puediera salir, su “amigo” cerró la puerta de golpe.-¿Quieres que me quede, eh?-Jonathan asintió con una sonrisa, y sin decir nada más, empujó a Gideon sobre la cama, para lanzarse él encima y comenzar a besarlo apasionadamente y sin pausa. Gideon, solo el Ángel sabe cómo, le sacó la camiseta a Jonathan entre beso y beso, y acarició sus pectorales de manera repetida mientras Jonathan hacía lo mismo con él.
-Gideon, Gideon…
-¿Pasa…algo?-jadeó Gideon, poniéndose encima de su compañero.
-Solo…me gusta decir tu nombre…-murmuró lastimeramente Jonathan.
-Jonathan…tu nombre es aún más bonito-susurró el otro cerca de los labios del extranjero.
Sin más palabra, volvieron a besarse acarameladamente y se sacaron los pantalones el uno al otro, quedándose solamente en ropa interior, la cual duró poco. Jonathan dio la vuelta a Gideon y se puso encima suyo, acariciando su cuello dulcemente.
-Relájate…-susurró cerca de su oído. De pronto los movimientos se volvieron más rudos y veloces, así como sus respiraciones y sus jadeos. La sala se inundó de calor, desbordaba calor más bien, por los cuatro costados. El mundo era suyo, y ellos eran sus reyes. No hay nada más importante en el mundo que esas dos personas, la habitación, la cama, y la pasión.
Después de un buen rato de diversión, ambos cayeron agotados en la cama, tumbado uno encima del otro, abrazándose más amorosamente de lo que nunca podríais llegar a creer.
Y así es como se encontraron al principio del capítulo, uno encima del otro, abrazados, durmiendo plácidamente y con una sonrisa en los labios, sin saber lo que el futuro les depararía por lo que habían hecho, pero sin importarles lo más mínimo, por el momento…

2º capítulo: The party hard


El garito estaba lleno de todo tipo de subterráneos, y algún que otro Cazador de Sombras, aunque no muchos, cuando Jonathan y Gideon entraron. Era un lugar bastante siniestro, con cabezas de mundanos colgadas por todas partes y varios camareros que resultaron ser vampiros.
-Qué sitio más…acogedor-comentó Jonathan sentándose en una mesa que había en un lugar oscuro.  Gideon se sentó enfrente de Jonathan e hizo señas a un camarero para que se acercara.
-Una botella de algo fuerte, por favor-le pidió al camarero, y cuando este se hubo alejado, tamborileó los dedos sobre la mesa-Y el sitio…no hay nada mejor abierto a estas horas. Dentro de unas cuantas nos iremos a una buena fiesta en otra zona de Londres, descuida.-se acerca al otro chico hasta susurrarle en el oído-Ten cuidado con lo que dices. Más de una persona podría arrancarte ese bonito cuello que tienes.
Jonathan se estremeció sin saber muy bien por qué. Una mezcla de sentimientos confusos bullían en su interior cuando Gideon se apartó con una sonrisa de oreja a oreja en la cara y el camarero llegó, depositando de forma brusca la botella sobre la mesa. Gideon sirvió un par de vasos que el camarero había dejado también sobre la mesa y le entregó uno al otro chico.
-Salud- dijo el primero, y ambos bebieron, una copa primero, y después otra y otra.
-Como te iba diciendo, en el Instituto me siento un poco solo-Gideon ríe, y bebe otro trago-Nadie me hace caso, claro, soy un Lightwood y todos me odian, menos Sophie claro. ¿Te he hablado de Sophie?
-Varias veces Gideon-comenta Jonathan bebiendo también, con voz entrecortada.
-Creo que será mejor que vayamos a esa fiesta que te prometí-Gideon se pone de pie, tambaleante, y coge de los brazos al otro chico, que se levanta tambaleante también. Juntos, tambaleantes, cogen un carruaje en dirección a un suburbio de Londres, donde hay una fiesta de subterráneos (según me han informado).
-¡EEEEEEEEEEEEL VINO QUE TIENE ASUNCIÓOOOOOOOOOOON!-cantaban Gideon y Jonathan a coro. Ahora os estaréis preguntando cómo podían cantar eso si son ingleses, bueno, todo tiene una explicación, Gideon vivió en Madrid y aprendió esta canción, y ahora se la ha enseñado a Jonathan.
El coche de caballos paró delante de un local que por fuera no parecía más que una casa señorial. Jonathan titubeó, pero su acompañante le cogió de la mano y tiró de él dentro de la casa. Nada más pasar por la puerta, la sala se iluminó de luz y color, y miles de cuerpos se movían al compás de una música demasiado moderna para la época. Las luces no eran de discoteca, sino más bien candelabros dispuestos por toda la sala, y con llamas de diferentes colores, obviamente obra de brujos.  Gideon se quedó en el umbral de la puerta, indeciso, pero Jonathan tiró de él y lo acercó a su cuerpo.
-Vamos a bailar-dijo y comenzó a bailar un baile muy poco típico de la época, además de descortés. Mucha gente se paró a mirarlos, pero a ellos no les importaba, solamente existían ellos dos, sus cuerpos y la música. Aunque poco a poco la música se fue apartando de ellos, pues ambos se miraban a los ojos. Gideon, mareado, paró de bailar y fue a una esquina a apoyarse en la pared. Jonathan le siguió.
-¿Estás bien?
-Me encuentro muy mareado-Gideon se puso la mano en la cabeza.
-Tal vez deberías…
-Shhh-le acalló Gideon cogiéndolo de la camiseta y acercándolo hacia sí.-No tienes nada que decir.-Tragó saliva y le acercó más a él, hasta que ambos notaban el aliento del otro sobre sus mejillas y sus labios estaban casi rozándose.
-¿No decir nada, eh?-Murmuró Jonathan y, muy lentamente, sin prisa, terminó de unirse a los labios del joven nefilim. Éste, a su vez, se apoyó en la pared encajando sus labios con los de Jonathan. Los labios de ambos encajaban perfectamente, como si hubieran sido diseñado para estar juntos. Ambas bocas se movían acompasadamente cuando los brazos de Jonathan rodearon el cuerpo de Gideon, posándose delicadamente en su espalda.
Gideon reaccionó primero cuando ambos se quedaban sin aire, y se separó muy a regañadientes. Jonathan resopló.
-¿Te ha gustado?-Susurró este último en el oído del otro.
-Mucho-comentó el otro con la voz entrecortada.

Capítulo 1: Orígenes


Era una tarde nublada, cosa muy corriente en Londres, cuando él llegó a través de un portal temporal. Llevaba una ajustada camiseta negra y unos pantalones anchos también negros, lo cual contrastaba con su pálida piel y su rubio, casi plateado cabello. Unas marcas negras tatuaban toda su piel, y sus ojos, lo más chocante de su aspecto, eran negros como el azabache.
Andaba calmadamente con las manos en los bolsillos sin que nadie le viera. Los que sabemos de estos temas, sabemos que es porque tenía un glamour y ningún mundano podía verle. Iba con un rumbo fijo, dando largos y seguros pasos en dirección al Instituto.
Después de una buena caminata, el joven llegó finalmente al Instituto, el cual tenía las puertas abiertas de par en par, y otro joven, rubio también, le esperaba en la puerta.
-Gideon Lightwood-dijo el recién llegado.
-Para servirle-Gideon hizo una educada reverencia- ¿Sería mucha descortesía preguntarle cómo se llama?
El recién llegado se pasó una mano por el cabello.
-Jonathan Morgenstern. Y por favor, me harías un favor si me tutearas directamente.
Gideon le tendió una mano, cortésmente, la cual Jonathan estrechó cuidadosamente.
-Nunca había oído hablar de ti-Comenta Gideon caminando dentro del Instituto, en dirección a la biblioteca.
-No soy de por aquí. Digamos que vengo de…-el extranjero ladea la cabeza-otro tiempo-se sonríe a sí mismo.-He recorrido un largo camino para venir hasta aquí.
Gideon frunció el ceño.
-¿De otro tiempo? Ni que pudieras viajar en el tiempo-se rió de su propio chiste. Sin embargo, Jonathan se quedó serio y asintió. -¿Estás…diciendo…que vienes del…-Gideon tragó saliva y bajó la voz-…futuro?
-Así es.-Afirmó Jonathan-Del siglo XXI.
Gideon frenó en seco.
-¡¿Del siglo XXI!? ¿Y qué haces aquí, si se puede saber?
-Aprender del pasado-se encogió de hombros-No puedes vivir el futuro sin haber entendido antes el pasado.
El otro chico se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir y continuó andando hasta llegar a la biblioteca, donde ambos se sentaron en un sofá.
-¿Y qué quieres aprender exactamente del pasado, Jonathan?
Jonathan esbozó una sonrisa traviesa, para luego decir:
-Quiero ir de fiesta.

Primer fanfic

Hola a todos, me llamo Alba y tengo 15 años. Vivo en Madrid y me encanta Harry Potter, TMI y THG. He creado este blog para escribir mis fanfics. El primero será sobre Jonathan y Gideon(TMI).